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El sistema de suspensión de un automóvil tiene la misión de hacer más cómoda la marcha del mismo, para los pasajeros y contribuir en todo momento a la mayor estabilidad del vehículo. Para cumplir estos objetivos deberá tener dos cualidades importantes: elasticidad, que evita que las desigualdades del terreno se transmitan al vehículo en forma de golpes secos, y amortiguación, que impide un balanceo excesivo.
Los componentes principales del sistema de suspensión son: los neumáticos, el elemento elástico (ballestas, muelles, etc.), los amortiguadores y rotulas y silentblocs.
Los neumáticos absorben las desigualdades pequeñas del terreno, evitando que se transmitan vibraciones a la carrocería por esta causa.
Los elementos elásticos (ballestas muelles, etc), determinan la altura del vehículo y absorben las desigualdades grandes del terreno, evitando que a la carrocería se transmitan golpes fuertes debidos a las desigualdades y, en cambio el paso del vehículo se traduce en una oscilación.
Los amortiguadores frenan las oscilaciones del elemento elástico producidas por las grandes desigualdades del terreno.
Las rotulas de suspensión permiten que el movimiento oscilatorio de la carrocería no suponga una variación en las cotas de caída de las ruedas y los silentblocs son generalmente casquillos de caucho que unen elementos metálicos y que permiten su movimiento si ruido ni desgaste.
El diseño de un sistema de suspensión se realiza de forma que sea suficientemente eficaz para atenuar e incluso impedir, los movimientos oscilatorios de la carrocería en todos los aspectos de conducción (curvas, frenadas, baches, etc.) y climatológicos (viento principalmente). Para que el vehículo cumpla los requisitos necesarios en la relación confort-seguridad.